La tristeza, emoción y barrera defensiva ante el conflicto.

¿Porqué surge la tristeza?

muelle y hombre

muelle y hombre

La tristeza constituye, junto con otras emociones, una barrera defensiva afectiva, una señal ante situaciones que consideramos traumáticas o conflictivas. Cuando nos sentimos amenazados se activan sentimientos que ponen en marcha mecanismos a nivel cognitivo que acaparan casi toda nuestra atención para enfrentar lo que percibimos como un riesgo, tomamos decisiones al respecto y nos adaptarnos con el tiempo, al momento que nos toca vivir.

La tristeza surge cuando vivimos situaciones que suponen la creencia de que nada se puede hacer por cambiar aquello que nos está afectando, de alguna manera nos damos por vencidos en relación a las circunstancias que atravesamos y reaccionamos mediante la tristeza como modo de protección ante la pérdida, el dolor o la frustración.

 

El carácter atemporal del motivo de la tristeza

Una característica de la tristeza es que el sentimiento que la provoca puede ser de carácter atemporal, la proyección que se hace del mismo puede tener que ver con circunstancias pasadas, presentes o futuras. En ese sentido, el hecho de recordar sólo lo negativo y centrarse exclusivamente en eso, influye en el desarrollo de la tristeza.

 

Factores personales que influyen en su desarrollo

Hay ciertos factores personales que determinan cómo afrontamos la tristeza. A medida que nos desarrollamos como individuos nuestras experiencias moldean nuestra forma de ser y si se genera la convicción de que nuestras acciones y conductas no determinan los logros de nuestros objetivos, se establece una actitud negativa y pesimista, que conforma lo que se llama “indefensión aprendida”. Esto da como resultado una actitud de frustración ante lo que se considera que no se puede cambiar.

Otro factor que incide en la aparición de la tristeza, es el autocontrol personal. Este está constituido por un lado, por el concepto que se tiene de nuestra manera de proceder y por otro, por la capacidad que tenemos de autorreforzarnos. Si se desarrolla una visión negativa de nosotros mismos en relación al autocontrol, puede influir perjudicialmente en la percepción que se tiene de la realidad, de lo que nos sucede y de nuestro entorno, conformando un factor de riesgo que predispone a sufrir más el sentimiento de tristeza.

 

El aislamiento

Cuando nos encontramos bajo la tristeza nuestras funciones se ralentizan, tanto a nivel cognitivo como a nivel motoro. Todo nuestro cuerpo parece centrado en consumir el mínimo de energía y recursos posibles, nos volvemos apáticos. Nuestra atención se focaliza en los propios procesos internos, lo cual favorece la introspección y el análisis. Tendemos de esa manera, a aislarnos de nuestro entorno, y a protegernos de posibles conflictos.

 

¿Pero qué pasa en nuestro organismo cuando sufrimos tristeza?

  • Cuando comienzan las preocupaciones y la tristeza se hace presente, bajan los niveles de los neurotransmisores noradrenalina y serotonina, que son los encargados en cierto modo de nuestro bienestar.
  • Por otro lado nuestro cerebro responde produciendo una hormona llamada corticotropina, que estimula a su vez la segregación del cortisol en sangre, el exceso de cortisol produce que nos sintamos más cansados, apesadumbrados y hasta se pueden sufrir alteraciones en el ciclo del sueño.

La tristeza genera empatía hacia quienes la sufren

Uno de los aspectos positivos de la tristeza es que refuerza los lazos sociales, cuando percibimos que alguien está atravesando un periodo de tristeza empatizamos con esa persona y la reacción natural es donarle apoyo. La tristeza actúa como un impulsor de apoyo social.

 

Playa mujer corriendo gaviotas

Playa mujer corriendo gaviotas

Reelaborando el conflicto

La tristeza es una emoción con una importante función: gestionar el dolor ante una situación de pérdida, de desilusión o fracaso. Nos ayuda mediante aislamiento de nuestro entorno y el centrarnos en nosotros mismos, a reestructurar nuestra vida para poder superar el conflicto. Se produce una reelaboración del hecho que nos ha hecho sufrir, siendo el punto de partida para poder sobreponernos.

“No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera”.

Proverbio chino.

Si observamos que en el proceso de recuperación del conflicto, este no se puede reelaborar correctamente y la tristeza se prolonga demasiado en el tiempo, debemos tener la precaución de que no se cronifique ya que puede devenir en depresión. Pedir ayuda psicológica puede evitar llegar a esas circunstancias.

 

Imágenes: @sxc

Fuentes:

Psicología Uned, “Psicología de la Emoción” Capítulo 6: la alegría, la tristeza y la ira.

 

 

 

 

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