Adolescentes con ansiedad

Adolescentes con ansiedad

2 Jun 2020 Ansiedad, Hijos

Han crecido el número de consultas de ansiedad en adolescentes

Es prioritario mencionar lo difícil que es la situación actual para todos, pero efectivamente han crecido el número de consultas de adolescentes por ansiedad, falta de comprensión de los adultos, aislamiento y falta de comunicación con sus iguales.

¡Es difícil vivir un momento tan crítico encerrado en casa con la familia, de la cual necesito diferenciarme y para ello es prioritario el grupo de amigos y nos los puedo ver!

Confinamiento o vacaciones

Lo que en un principio era vivido como unas “vacaciones” va pasando a ser una situación de aislamiento difícil de tolerar y en la que crece la frustración y los signos de ansiedad que se expresan son, pérdida de apetito, insomnio, inquietud, irritabilidad o enfado permanente o intermitente, mucho miedo a la enfermedad y a la muerte, sino propia de sus seres queridos. Lo complicado que es no continuar con una vida normal en una etapa de la vida donde “nada” es normal…quiero decir y no quiero que me malinterpreten mis queridos pacientes adolescentes:

“En un mundo tan injusto donde estoy realmente experimentando cambios que a cada cual le repercuten de una manera particular pero seguramente se sufren ansiedades que guardan relación con el niño/a que estoy dejando de ser y los profundos desajustes biológicos que tienen un impacto psicológico y social:

El punto de vista adolescente

“¿Ahora esto con quien lo comparto? Sino puedo estar con mis amigos/as como siempre… si la tribu desaparece como continúan ellos elaborando estas angustias destructivas que viven en el turbulento camino a estar haciéndose grandes??… complicado, seguramente esto será más fácil o difícil según la personalidad que se haya desarrollado hasta el momento, la historia vital de cada uno, el entorno familiar y la situación general que aumenta llena de incertidumbre y que es la trastienda de nuestros días actuales.

¿Como les afecta? ¿Qué pasará luego?  ¿Por qué futuro luchar? ¿Qué futuro me espera? ¿Puedo hacer algo para cambiar el mundo? ¿En un mundo que parece vacío, como lleno de sentido estos días de desasosiego? ¿¿Es difícil no confundir mis sentimientos de tristeza con el dolor que impregna nuestras calles… las mismas calles donde montábamos el botellón,  y ahora qué??

Me siento frágil y el mundo es frágil… igual toda esta situación sirva actualmente para solidarizarnos de verdad con una etapa de la vida que para todos ha sido difícil y especialmente dura de profundos cambios.

La fragilidad psicológica

Habrá quienes puedan empatizar más y quienes menos como siempre, pero creo que es importante reconocer la fragilidad que todos hemos sentido y la ansiedad que esto ha despertado para que miremos más en quienes realmente somos y hacia dónde queremos ir. Como un adolescente, que lo está haciendo con su propia identidad, destruyendo un mundo ideal que creamos de niños para construir un mundo real/interno necesario para sobrevivir y saber vivir. Saber movernos en esta realidad hoy compleja, pero no más compleja que la que han vivido nuestros antepasados, es importante.

Fortalecernos, solidarizarnos, brindarnos apoyo para ir superando una profunda fractura y ruptura que se ha provocado y ahora es necesario ir remendando, entretejer estos mundos, aceptar lo que está ocurriendo y trabajar todos en común por un mundo mejor pero que dependa más de cada uno de nosotros”.

Como dijo Gandhi “Sé tú el cambio que quieras ver en el mundo”.

La adolescencia es un momento de la vida en que el crecimiento, la sexualidad más que nunca suponen cambios violentos, suponen temporalidad y por consiguiente, la existencia de la muerte, opera en torno a un trabajo de duelo. Este enfrentamiento con la muerte central en esta estructura, se vincula con las pérdidas que supone la “metamorfosis” sexual, pérdida de la imagen de sí mismo, de lo que el sujeto se defiende mediante la duplicación narcisista condenada, a su vez, al fracaso, perdida de la imagen del “niño ideal”, tanto para el adolescente como para los padres; perdida de los padres como sustento del ideal del yo infantil.

Cada uno de esos duelos es el producto de un trabajo, y ese trabajo de hallar significación es el resultado de una perdida. Por eso, los reencuentros solo podrán realizarse a través de mediaciones que harán entrar en juego la identidad y la diferencia como opuestos inseparables.

“El que quiera nacer tiene que romper un mundo” Herman Hesse

 

Bibliografía

Silvia Tubert, “La muerte y lo imaginario en la adolescencia”.

Daniel Siegel, “Tormenta cerebral”

Herman Hesse, “Demian”.

 

Escrito por la directora Lic. Belén Diéguez Sánchez

Psicóloga General sanitaria & Psicoanalista

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