La autorregulación emocional

hombre nervioso gritando con esposas en las muñecas

¿Cómo funcionamos ante situaciones conflictivas?

Cuando nos encontramos expuestos a situaciones estresantes, la actividad de nuestro cerebro emocional debilita ciertas funciones de los lóbulos prefrontales, que son los encargados del funcionamiento de la memoria operativa, de la capacidad de concentración, de recordar información de importancia, entre otras funciones.

Al estar tranquilos, nuestra y mente está relajada el funcionamiento de la memoria operativa es el correcto, pero cuando se percibe una amenaza el cerebro cambia a un modo de defensa dirigido a la supervivencia, activando un estado de hipervigilancia.

Una vez se emite la señal de alarma, la actividad cerebral se focaliza en el conflicto, el cerebro se vuelca a funciones más fáciles y conocidas relegando de alguna manera el pensamiento complejo. Y si bien este sistema data de millones de años, las consecuencias de que se active son muy negativas para el organismo.

El rol de la amígdala

Nuestro sistema de alarma cerebral está vinculado a la amígdala, localizada en lo que es nuestro antiguo cerebro emocional, lo que se denomina sistema límbico, en el tallo cerebral.

La zona prefrontal, nuestro centro ejecutivo está conectado con la amígdala y conforma un complejo sistema de alarma cerebral que garantizó la supervivencia en el transcurso de nuestra evolución como especie ya se encarga de valorar si lo que sucede supone una amenaza o no en función de las experiencias vividas. Esta función responde mecanismos de supervivencia más primitivos y que en la actualidad nos pueden jugar malas pasadas.

Las neuronas inhibidoras de la alarma cerebral

En los lóbulos prefrontales opera el mecanismo responsable de frenar los impulsos y adecuarlos a las condiciones de vida actual, dando una respuesta más apropiada. Las neuronas inhibidoras de la sensación de alarma están localizadas en esos lóbulos emiten un mensaje apaciguador a la amígdala, comunicando que no hay peligro. Esto responde una función equilibradora de nuestro cerebro, pero la realidad es que mucha veces no es tan sencillo dominar la amígdala de una manera eficaz y rápida.

La autorregulación de las emociones

La autorregulación de las emociones no sólo implica la capacidad de reducir el estrés o de limitar los impulsos sino que también está asociada a la capacidad de generar determinadas emociones, tanto agradables como desagradables. No tiene que ver con la represión de los sentimientos que nos surgen o un excesivo control sobre éstos, sino de ser conscientes de cómo queremos expresar aquello que nos sucede de la forma más adecuada posible en función de donde nos encontremos.

El autocontrol

El autocontrol supone poder gestionar adecuadamente las emociones e impulsos conflictivos. Las personas que tiene esta capacidad manejan apropiadamente las emociones e impulsos negativos. Además pueden permanecer tranquilos y con una visión positiva en los momentos de conflictividad sin verse tan afectados. Es de vital importancia ser conscientes del estado de ánimo que se está atravesando ya que esto supondrá un mayor entendimiento de las sensaciones que se produzcan y por ende se logrará un mayor autocontrol.

 

 

 

 

Fuente:

Goleman,D.; La práctica de la inteligencia emocional. Ed. Kairós 1998.

Imágenes:

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