Las redes sociales: ¿Nos atrapan o nos conectan?

A raíz del nuevo documental de Netflix “El dilema social” se continúa un debate importantísimo y urgente sobre qué papel queremos que tengan las redes sociales y la tecnología en general en nuestras vidas. De esta forma, nos podemos posicionar como agentes activos que usamos estas herramientas y no como meros consumidores y hastaposibles productos de grandes compañías. Así nos podemos preguntar si las redes sociales nos atrapan o nos conectan?

Nadie pone en duda los aportes que han tenido las tecnologías en nuestra vida moderna y más aún después de haber tenido que superar periodos de confinamiento debido a la pandemia actual. Las tecnologías nos permiten llegar a lugares donde no podríamos hacerlo presencialmente; conectarnos y conocer gente muy diversa y hasta permitirnos “ensayar” aptitudes que no nos atrevemos en el cara a cara.

 

 

Lamentablemente, esto no viene sin una contraprestación: a nivel social e individual.

 

¿Qué peligros presentan las redes sociales?

 

  • Dificultad para establecer relaciones reales. Con esto no me refiero a que las relaciones que uno puede iniciar online son siempre falsas. Pero sí que hay diferencias entre cómo se encuentran las personas. En el encuentro cara a cara, se mueven otros factores a tomar en cuenta como el tempo (si me preguntan algo tendré que responder al momento y no pensarlo durante una tarde); lenguaje no verbal (ritmo de la respiración del otro, gestualidad, sencillamente cómo me siento delante de esta persona)
     
  • Distracción: está claro que el entretenimiento y la distracción son elementos necesarios para compensar nuestro día. El problema comienza si todo nuestro día es vivido como una distracción en la cual no somos capaces de acabar ninguna tarea y tenemos la sensación de no saber en qué hemos utilizado nuestro tiempo.
     


     
  • Polarización:A nivel ideológico, se ha visto que las redes sociales acaban agrupando por iguales. Por lo tanto, yo solamente me rodeo de gente que piensa como yo y no me permite nutrirme de otros pensamientos que pudiesen invitarme a cuestionar mi posición. En consecuencia, nos enfrentamos a realidades cada vez más polarizadas donde no somos capaces de observar/escuchar al otro. Por un lado, es una cuestión de aptitud y por el otro es que no hay un espacio de encuentro con lo diferente.
  • Manipulación: aquel encuentro aparentemente azaroso de un producto o sugerencia de amistad, realmente está motivadopor un interés comercial. Hasta aquí no parece más peligroso que perder un poco de dinero, pero el problema es que la manipulación llega al punto de implantar ideas. Actualmente, los esfuerzos que se destinan a la inteligencia artificial intentan no sólo entendernos (nuestro comportamiento, estado de ánimo, deseos, necesidades) sino en adelantarse. Así acabo comprando o haciendo algo para lo que no tenía necesidad ni deseo, pero es que encima ni tan sólo soy consciente de la manipulación.

 

  • Desinformación: la paradoja de nuestra situación actual es que teniendo más información que nunca antes en la historia humana somos más vulnerables a encontrarnos (y creer) información falsa. Esto tiene una gran relevancia cuando se trata de nuestra salud. Sólo hace falta hacer una búsqueda sobre páginas que apoyan conductas lesivas o de restricción alimentaria para darse cuenta que puede ser peligroso creerse lo que uno lee.

 

  • Sensación de vacío: los seres humanos somos mamíferos y por lo tanto seres sociales. Necesitamos estar en conexión con nuestros iguales. Las redes pueden ayudarnos a mantener estas conexiones, pero si estas relaciones no son reales pueden dejar a la persona más sola de lo que se sentía en un inicio.

 

  • Adicción: cada vez son más las personas (tanto adultos como jóvenes y en algunos casos hasta niños) que presentan conductas adictivas en relación a las redes y la tecnología. Más que las horas invertidas, lo importante es observar el nivel de interferencia que tienen en la persona, su conducta y su forma de relacionarse.

 

Es importante saber que los canales neuronales de adicción son los mismos independientemente del objeto de adicción. Es decir, nuestro cerebro muestra los mismos síntomas de tolerancia (querer cada vez más para obtener el mismo efecto); abstinencia (sensación desagradable que se experimenta cuando no se puede obtener el objeto de adicción); dependencia (presencia de tolerancia y abstinencia).

 

Erróneamente se piensa a veces, que por el hecho de no estar ingiriendo ninguna substancia tóxica el efecto en el cerebro no es el mismo. En este sentido es relevante saber que el cerebro se va modificando a través de las interacciones que recibe, es decir una adicción a la tecnología puede tener un efecto neuronal (más allá de la conducta).

 

¿Qué podemos hacer como padres?

  • Límites: lo primero que necesitamos establecer como padres es cuánto tiempo creemos conveniente que nuestro hijo esté conectado. El uso de las tecnologías es algo que se tiene que discutir y decidir en familia.Cuando lo tengamos claro, podremos marcar unos límites claros. Aquí no basta con decir “este es límite” sino tener claro cómo se van a implementar y cuáles son las consecuencias. Una de las recomendaciones que se hace antes de introducir un dispositivo es crear un contrato de uso.

 

  • Ejemplo: no es suficiente con decir las cosas, nuestros hijos aprenden sobretodo por imitación. Así que debemos plantearnos si el uso que hacemos de los dispositivos tecnológicos es el adecuado. ¿Qué pensaríamos nosotros si nuestros hijos estuviesen X horas conectados como nosotros? En este punto es importante que nosotros también podamos diferenciar los momentos de desconectar (ya sea el trabajo o entretenimiento) y poder conectar con el mundo real.
     
  • Experiencias: es importante proveer a nuestros hijos de experiencias variadas. En este sentido, no sólo me refiero a situaciones placenteras sino también a aquellas que representen un esfuerzo y reto. Es a partir de superar pequeñas frustraciones que tendrán más recursos para afrontar otras más grandes sin necesidad de evadirse.

 

  • Consciencia:¿sabemos cuánto tiempo estamos conectados, a dónde van los datos que aportamos….? Si no hacemos un uso consciente de estas herramientas acabamos siendo el producto de las mismas.

 

  • Conexióninterna: El periodo de confinamiento ofreció una posibilidad, en algunos casos una obligación, de parar y escucharse a si mismo. Está claro que no todo el mundo lo quiere hacer, pero mientras más alimentemos nuestra conexión interna más libres podremos ser. Así utilizaremos la tecnología cuando queramos y no para evadirnos de algo más. Como padres, si nosotros propiciamos conversaciones y espacios de reflexión sobre cómo nos sentimos les podremos dar un lenguaje emocional a nuestros hijos para conocerse.

 

 

*No pretendo concluir que todo usuario de las redes sociales caerá en estos peligros pero sí que se deben tener en cuenta a la hora de gestionar su uso.

 

Artículo escrito por la colaboradora:

María José Ribadeneira (Psicóloga General Sanitaria)

María José Ribadeneira (Psicóloga General Sanitaria)

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